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24.12.11

mientras todos duermen, yo sueño!

la calma habita en mi cuerpo.. mis ojos lentamente se cierran para ir a un lugar  donde los miedos no existen,y la felicidad se asomaa.. allí mis deseos mas profundos los veo volar y decido ir a investigar que esta sucediendo.. me sumerjo en ese mar de sueños.. y empiezo a accionar como yo quiero,sin importarme nada,sin preocuparme por nada..la realidad tiene otra dimensión.. y son los sueñoos.. el poder imaginar mas allá de lo "correcto"..animarse a todo.. no ser consciente de si es una realidad o si en verdad es un sueño.. los sueños aveces son tan reales , que me pregunto: ¿sera mi imaginación o sera que estoy en un lugar que solo puedo visitar con la escusa de dormir?. siempre tenemos a nuestros niños de la infancia dentro nuestro , nunca se van.. y ellos son los que llevan a imaginar tanto.. a imaginar que estamos dentro de un helado gigante,a imaginar que nos encerramos adentro de un supermercado y que por dos días no van a abrir las puertas, así que sera nuestro; por eso sera que me despierto todos los días con una sonrisa.. porque fui a visitar lugares increíbles mientras todos dormían.. y de esto se trata vivir! querer soñar a pesar de todo!!!

                                                                                                                                     lailet!

23.12.11

Como de otra dimensión

Se despertó extraño, molesto. Siempre que aparecía en sus sueños, esa pequeña daba vuelta su insignificante mundo. José se sentó en la cama sosteniendo su cabeza entre las manos mientras intentaba salir de la somnolencia en la que estaba inmerso. No sabía quién era la niña, de dónde venía ni cómo se llamaba, pero algo era seguro: desde que soñaba con ella, José no era el de siempre.
Mientras se cambiaba, mientras hacía la cama, mientras se lavaba los dientes y mientras preparaba su desayuno se acordó de la niña. Se acordó de su cabello rubio que flotaba en el aire cada vez que corría cuando él intentaba tocarla; se acordó de sus pequeñas manos, esas que siempre lo confundían con señales que no sabía interpretar; se acordó de los colores que siempre aparecían en sus sueños, de toda esa psicodelia impenetrable que contrastaba con el vestido blanco de puntilla que ella siempre tenía; se acordó de las miles de sonrisas que la niña le había mostrado desde el primer día que ocupó sus sueños, algunas veces dulce, otras, siniestra, pero nunca pura; se acordó de sus ojos, ese mar azul que creía conocer de memoria, pero que siempre tenía algo nuevo para mostrarle, de esa mirada penetrante y oscura, pero a la vez infantil que ella poseía... El ringtone de su celular lo despertó de su fantasía. José respondió el mensaje con un ok automático e intentó terminar su desayuno con la mente en blanco antes de que se le hiciera tarde.

Caminó las cuadras que lo separaban de la plaza con las manos en los bolsillos, a paso lento y con la mente ausente. Estaba cansado, había pasado varias noches en vela o durmiendo poco. A veces, porque se quedaba pensando, y otras veces porque tenía miedo de quedarse dormido y soñar, aunque más bien le tenía miedo a ella y a lo que pudiera mostrarle.
 El temor rondaba por sobre la presencia de esa niña, de ese ser inexistente que lo miraba sin interrupciones todas las noches en su mente. También tenía que ver con todo lo que la pequeña implicaba: ella lo conectaba con sus más hondos pensamientos, con realidades de sí mismo que todavía no había descubierto. Lo conectaba con sus sentimientos, sus deseos y sus temores. Pero él se hallaba muy lejos de realmente querer conocerse a sí mismo, por lo que aquella chiquilla muchas veces era una verdadera molestia para su conciencia.
-¡Ey!-le dijo una voz femenina mientras lo abrazaba por atrás.-Aquí estoy, distraído.-la chica rió naturalmente y lo besó en la espalda.
-¿Cómo estás, Jen?-le contestó él y le dio un beso en los labios, con la mente aún dispersa.
-Ahora que te veo, mucho mejor.-lo tomó de la mano y lo besó en la mejilla dulcemente, disponiéndose a andar.
Caminaron por largo rato abrazados, bordeando la plaza y transitando sus calles internas una y otra vez, como hacían siempre. Ella, feliz de ver a su novio, contándole sobre su semana en la playa. Él, pensativo, intentando sin éxitos escuchar lo que su novia le decía.

 El último sueño había sido tierno, casi dulce: la niña jugaba con él, lo buscaba y luego se escondía con una sonrisa especial, una que llegaba a sus ojos y que José no le había visto nunca antes, era una sonrisa casi pura, que lo había dejado desorientado tanto en los sueños como en la vida real.

Jen tironeó de su camisa y lo hizo sentar a su lado en un banco de la plaza.
-¿En qué piensas?-le preguntó jugueteando con los botones. José le había hablado varias veces de la chiquilla y de cómo lo hacía sentir, pero no sentía que a su novia le importara y no quería parecer desquiciado al contarle una y otra vez los mismos sueños, con mínimas variantes.
-Pienso que me hubiera gustado ir contigo a la playa, cambiar el aire, despejar la mente...-Le dijo mirándola por primera vez en el día directamente a los ojos.
-A mí también me hubiese gustado que vengas.-le contestó Jen con ternura en los ojos. José intentó buscar en ellos la misma ternura que había asomado en la mirada de la pequeña en sus sueños, mas no la encontraba, y no sentía que los ojos claros de su novia, lo atrajeran como lo hacían los de la nena. Maldita sea, esto realmente lo estaba afectando.
-Te extrañé.-le dijo ella y él acercó sus labios a los suyos, intentando concentrarse en la vida real y de besar a su novia con toda la sinceridad posible.
-¿Se puede saber qué diablos te pasa? Tal vez realmente necesitabas el aire fresco, despejarte y todo eso.
-¿De qué hablás?-respondió él, desconcertado ante el brusco planteo.
-Te conozco, José. Hace una hora y media que estás callado y no dije nada porque pensé que ibas a contarme de qué viene la cosa. Pero nada, seguís mudo.
-No me siento muy bien, simplemente eso, mi vida.-le dijo acariciándola torpemente en la mejilla.
-¿Son los sueños, no? Ni me lo digas.-ella se alejó, bajando la mirada.
-Ya se me va a pasar, vení, vamos a tomar algo.-se levantó sin querer escuchar más y de la mano, caminaron juntos hacia la cafetería más cercana.
 Mientras hacía la fila, Jen le contaba sobre planes para una cita doble con amigos y algo sobre una pileta, mas José tenía su mente en otro lado. Realmente sentía la presencia, su presencia. Sentía sus ojos, la sentía a ella, se sentía como si la niña estuviera allí. Miró hacia todos lados, perseguido, pero no vio nada. Se maldijo internamente, realmente se estaba volviendo loco. Asintió a todo lo que su novia le decía y agarró los dos cafés cuando la orden estuvo preparada. Volteó para buscar una misa y ahi la vio, estaba de espaldas. Reconoció sus bucles rubios de inmediato, el vestido y su aura multicolor que inundaba el lugar. 
CONTINÚA ABAJO
CONTINUACIÓN SUEÑOS
Las dos tazas se le cayeron cuando la niña volteó y lo miró con esos ojos azules, con esos ojos cuyas pupilas eran casi imperceptibles, donde miles de imágenes lo invadían todo. Ella le sonrió algo siniestra al verlo, pero a la vez con ternura e inocencia. José siempre le había calculado doce años, aproximadamente, aunque sus ojos denotaban una viveza adulta que lo dejaba sin aliento.
-José, ¿Qué pasa?-le gritó su novia, realmente preocupada después de levantar las tazas rotas.
-Es ella...
-¿Quién?
José no pudo contestar más, escuchaba que gritaban su nombre, pero era algo lejano y no le importaba. Solo veía a la pequeña, que con sus gestos divertidos lo invitaba hacia ella, lo atraía y lo llamaba. Ese era su momento, quería hablarle, necesitaba hablarle, saber aunque sea su nombre y su edad... Ella comenzó a correr y él la siguió, por cuadras y cuadras, corría detrás de su cabello blondo, anhelando que se volteara para poder ver una vez más esos ojos en vivo y en directo. No podía correr más, pero él seguía, la seguía a ella sin aliento, ella que lo guiaba hacia el muelle sin que José se diera cuenta. Por fin la niña se detuvo al llegar al tablado y se acercó a él, que casi logró tocarla antes de que ella le hablara como si nunca hubieran corrido, como si no le faltara el aire.
-Al fin... te esperé muchos años, José.-Él estaba hipnotizado por su belleza. Estaba hipnotizado por todo su ser y por esa voz de ángel con la que le acababa de hablar. Caminó hacia la niña con una confianza que le surgió natural. Avanzó despacio, sin quitar los ojos de aquella mirada de mar. Caminó hasta que no pudo más, hasta que así como así, había pasado los tablones del muelle, hasta que sin darse cuenta, había caído y no podía salir del agua. Pero se desesperó no le importaba ahogarse. No quería salir del agua, en el agua ella también estaba, y sintió que con eso bastaba, que ella era todo lo que necesitaba en ese mundo. Sentía que ella era su vida anterior, que conformaba todo su pasado y que ahora volvía para ser su futuro. No le importaba nada con tal de poder tenerla, con tal de poder mirarla siempre.
Mientras caía, José se dio cuenta de que eso iba a ser lo último que viera, lo último que pensara. Sintió como ella lo guíaba hacia el fondo y fue feliz, feliz mientras la miraba y mientras se hundía más y más en lo azul, en ella. De repente, dejó de ver y dejó de sentir todo, de sentir todo menos a la pequeña, a ella que era y siempre había sido su pasado, su presente y su futuro.



Perdón por lo largo, creo que me inspiré todo de golpe JAJAJA. Los amo, simplemente eso.
Julia

21.12.11

La esquina.

La esquina, la iglesia en la otra esquina, la casa de color ladrillo, el restauran. Me encontraba en la esquina, no era clasificada por ningún local ni particularidad en especial, tan solo era la esquina, maldita esquina. Me paré al borde del cordón para cruzar la calle, era de noche y los autos corrían tan rápido como latía mi corazón. No frenaban nunca, el semáforo quería permanecer en verde y el hombre del semáforo de en frente permanecía quieto y de color naranja. No tenía paciencia, tenía que avanzar la noche me estaba abrazando y no podía esperar, tenía que llegar, sino iba a entrar en problemas y no quería, nadie quería eso, o por lo menos yo, me acuerdo en otros sueños que a esa persona le gustaba enloquecer, crecía al compás de su furia y sus ojos se volvían rojos enredándome en pudor y miedo. No, mejor no recordarlo, lo quiero olvidar, ahora volvamos a los autos que no paran de avanzar. Me cansé de esperar y decidí adentrarme a la abierta avenida, del otro lado se encuentran calles oscuras con un gran verde parque que nunca me animé a visitar a estas horas pero, de repente algo se adentró a mi y no pude evitarlo... corrí. Sí, quise correr, la adrenalina me invadió, no me intereso si los autos me pisaban o no, sentía como había entrado en un juego de tiempo, como la arena y las agujas del reloj corrían cada vez más rápido, nada las detenía, y tampoco podían detenerme a mí, me convertí en el tiempo y pude sentir que nada me paraba, nadie me paraba, dejé atrás todo, los miedos que me podían perturbar antes se unieron para conformar uno solo, aquella persona. Corrí y corrí, todo se transformaba, no había caminos ni calles, era una sola marcada con un callejón al final. Yo mientras corría escuchaba como me hablabas, podía sentir como tus lágrimas acompañaban a las mías, pero no podía evitarlo, tenía que seguir. Seguí corriendo, el aire de mi cuerpo cada vez era más corto e iba desapareciendo, sentía como el frío me invadía a pesar del movimiento y como el viento se transformaba en hielo. No paré de correr por un largo rato, seguí corriendo hasta que vi una luz al final y esa luz del final me despertó. Abrí los ojos y no supe si había llegado, si aquella persona que tanto me perturbaba se había enojado, me levanté de mi cama y cuando el sol se escondió lo descubrí, en esa misma esquina y en esas mismas calles.

Julieta.

20.12.11

En mis sueños somos libres.

Está él. Que cosa rara, saluda a la persona al lado mio y viene hacia mi y me saluda también. Me agarra de los hombros y se me pone a hablar mientras caminamos como si fueramos viejos amigos. "Está un poco loco, pienso, pero es copado." Es un sueño. ¡Qué raro soñar con él! Les cuento a mis amigas, no lo puedo creer. 
Me despierto inquieta, no se porque. Me doy cuenta de que es el teléfono el culpable, pero lo ignoro, no pienso levantarme. Cortan. A los 2 minutos vuelven a llamar. Atiendo sin disimular mi tono de fastidio.
-Hola Martu, soy yo, está tu papá?
- Supongo que no. (si estuviera seguramente hubiese atendido para que yo no me despertara)
-Ah bueno, lo llamo después.
-Bueno, chau. Corto.
Estamos en un camping. Es de noche, pero nos comportamos como si fuera de día. Hay una mesa larga, me siento con Lai al lado y las chicas en frente. Aparece él y se sienta en la esquina. De la nada se pone a hablar con nosotras, re buena onda. Alguien nos dice que, quien quiera ir a meterse al lago vaya ahora. Y yo quiero, pero quiero quedarme charlando con el también. Lo retraso un poco, pero tengo que ir al lago, es algo que si o si tengo que hacer. Así que voy con Lai. Nos metemos al lago, que tiene rejas alrededor. Hay plantas y posiblemente bichos, el agua debe estar fría pero no la siento y me sumerjo. Se pueden ver a los chicos en la mesa desde donde estoy. Me agarran ganas de salir. Ya cumplí, así que me voy. No se bien que pasa. Agarro una toalla, entro a un shopping, una mujer no me deja salir, la conozco pero no me acuerdo de su nombre. Quiere que haga algo, pero yo quiero volver al camping. Aparezco ahí. Y está el con su amigo hablando medio a los gritos. Están muy locos los dos. Son raros.
Me despierto inquieta otra vez. El timbre. Me levanto y me asomo por la ventana que da a la calle. Es el sodero. Agarro un vestido que tengo sobre la silla del escritorio y me lo pongo encima, pero cuando bajo, el sodero ya no está. 

Y escribiendo me doy cuenta de que no era de noche, estaba soñando en blanco y negro. Nunca me había pasado.